Hay pocas marcas de consumo que consigan generar tanto consenso como Lego. Podríamos decir que, seguramente la mayoría tenemos simpatía hacia marcas como Cruz Roja, Open Arms o WWF. Pero cuando se trata de marcas de consumo, empiezan a aflorar las sensibilidades de cada uno. 

Por el contrario, Lego parece conseguir el favor de casi todos. ¿Por qué?

Hace una semanas la marca danesa lanzó su primera campaña de publicidad en los últimos 30 años. Con un claim, “Rebuild the World”, que podría ser el slogan de un nuevo partido político que pretende acabar con el stablishment y que creo, que conseguirá llegar al corazón de todos los que en algún momento de nuestra vida hemos pasado tiempo jugando con los ladrillos de colores.

 

 

En mi opinión, Lego es una marca construida estratégicamente para llegar al corazón de todos. Tiene en su ADN algunos valores universales.

Para los niños, es una marca inspiradora. Una marca que empodera a hacer realidad todo aquello que pueden imaginar.

Para los padres, es un juguete seguro, intuitivo, que estimula la imaginación de los hijos. Y quién no desea que sus niños estimulen su imaginación y creatividad? Es en realidad una herramienta de educación.

Y además tiene otro componente emocional, ya que al ser un juguete con el que la mayoría de mayores también hemos jugado, se convierte un vehículo de conexión con nuestros hijos. 

Gracias a una buena estrategia de branding, con el tiempo Lego se ha convertido en un ideal. Ha trascendido el propio juguete y se ha convertido en un símbolo cultural. Alguien dijo una vez, “la marca es el parque de atracciones y el producto es sólo un souvenir”

Saber responder a tres preguntas básicas “¿Qué soy?, ¿Qué hago? y ¿Qué significo?” ha llevado a Lego a emprender iniciativas como Braile Bricks, un proyecto en el que los bloques de colores llevan carácteres braile e impresos de tal forma que permite crear un escenario de juego de igualdad entre niños invidentes con el resto de sus compañeros. O Lego Ideas, un proyecto que empodera a los usuarios a ser los creadores del próximo jueguete Lego.

Además, el ideal Lego, trasciende a la marca convirtiéndose en una plataforma gestionada por los usuarios. Ejemplo de ello son las decenas de proyectos open source basados en Lego que podemos encontrar en la red, o LeoCAD, un software que permite proyectar construcciones hechas a partir de piezas de Lego.

Tener una marca no es tener un logotipo. Es entender el ecosistema cultural de la marca; con qué significados y contexto se asocia y a continuación, desarrollarlo.

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