Toda la vida he escuchado decir que el origen de la palabra “gringo” proviene del grito de guerra “Green Go Home” que los mejicanos proferían a los soldados estadounidenses durante la guerra entre estos dos países.

Es curioso que más de 100 años después estas mismas palabras, cambiadas de orden, se hayan convertido en un clamor popular y absolutamente transversal, sin diferenciar procedencia, edad, sexo o religión. Porque la amenaza del desastre ambiental es real. Es una evidencia. Y si no nos ponemos las pilas ya, va a ser tristemente irreversible.

Bueno, he dicho que es un clamor que no entiende de edades, y quizás no es del todo cierto. Las jóvenes generaciones, Millenials y GenZ seguramente están bastante más preocupadas que los que ya tenemos canas, pues es obvio que la amenaza es más grave, aún si cabe para ellos que para nosotros.

Hoy me he topado con Frugalpac, una innovación que me ha hecho reflexionar sobre hasta qué punto muchas compañías de bienes de consumo son perezosas tomando decisiones y no están apostando en dar un giro real hacia un futuro más sostenible, en el que los propios hijos o nietos de las personas que dirigen estas compañías puedan vivir.

Se trata de una empresa que está desarrollando botellas de las que el 94% de su composición es papel reciclado. Es decir, aprovechan un desecho para producir algo (una botella) en lugar de recurrir a las altamente contaminantes industrias del cristal, el aluminio o el plástico, que a su vez, además de producir una gran huella de carbono, se convierten en nuevos desechos.

Para un momento y pensemos en cuántas botellas de cristal producimos en España al año (solo pensar en toda la industria vitícola del país puedes hacerte una idea), ¿y de plástico? ¿y latas de refrescos…? ¿Y si lo extrapolamos a todo el mundo? La cifra se vuelve inimaginable.

Pero si además os digo que una botella de papel en comparación con una de cristal es 5 veces más ligera, su huella de carbono es un 84% menor, es nuevamente reciclable, protege mejor de la luz y además puede imprimirse toda su superficie, lo que permite “brandear” toda la botella… ¿Cuál es la ventaja real en seguir produciendo botellas de vidrio?

Y ahí llega el dilema, cuando al hacer esta pregunta obtienes como respuesta: “Es que el consumidor de vino quiere que la botella sea de cristal”… ¿En serio? Le han explicado al consumidor que el vino se conserva mucho mejor en un envase que no deje pasar la luz, por no decir que gracias a que la botella de papel podrá seguir disfrutando de ese vino muchos más años?

¿O es solo una cuestión de costes? Llámalo coste económico, pereza, miedo…

Y una última reflexión, y con esto acabo. ¿Todos los consumidores son iguales? Estoy cansado de ver planes de marketing con diferenciación de productos según el consumidor… “Esto es una bebida para jóvenes. Queremos rejuvenecer la marca porque nuestro consumidor se está haciendo mayor…” ¿Y a esta gente queréis venderles algo sin escucharlos? ¿Sin entender que lo que más quieren, por encima de tu refresco, tu vino o tu agua con sabor a naranja es saber que te has comprometido en asegurarles un lugar en el que poder vivir por muchos años?

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