De todos es conocido que hay marcas o compañías que ejercen un poder de lobby en sus sectores e incluso en la sociedad en general. Una compañía eléctrica que domina el mercado, puede subir sus tarifas y esto puede ser visto por su competencia como una gran oportunidad para hacer lo mismo. Algo que va a acabar afectando a la vida de todos los habitantes de esa comunidad.

Lo más habitual es que las compañías, y especialmente las grandes compañías, tomen decisiones en beneficio propio, con el único objetivo de perpetuar su poder y aumentar sus cuentas de resultados y en definitiva sus dividendos. Así la brecha entre estas compañías y la ciudadanía es cada vez mayor y la desconfianza entre consumidores y marcas aumenta cada día.

¿Pero qué ocurre si una de estas compañías toma decisiones en busca de un bien común?

Los que seguís el blog de Vertigo Barcelona habréis notado que últimamente hemos estado hablando de marcas con propósito. Uno de los aspectos clave de la llamada “economía de la expectativa” es que los consumidores exigimos marcas que tengan un impacto positivo, es decir que aporten mejoras al medioambiente, mejoras sociales, etc.

A menudo ocurre que el contexto legislativo no sabe responder con agilidad a las exigencias de los consumidores, leyes contra la exclusión social, limitación de las emisiones de carbono…

Ahí es donde algunas de estas compañías con poder de lobby está actuando. Tomando decisiones que responden a preocupaciones sociales y adelantándose a las regulaciones que, ya sea por intereses políticos o económicos no acaban de llegar.

Un ejemplo es el de Mc Donald’s. La conocida marca de hamburguesas retirará todas las pajitas de plástico de sus restaurantes el próximo mes de febrero.

img: @rxspawn

Microsoft, por ejemplo, anunció en 2019 que no trabajaría con ningún proveedor que no garantizara una baja por maternidad (o paternidad) pagada de 12 semanas.

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En la web de Patagonia, podemos ver toda la cadena de producción ya la huella medioambiental de cualquiera de sus prendas, desde el origen del algodón de una camiseta, hasta la producción final de la prenda, gracias al proyecto The Footprint Chronicles.

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Tomar acciones como estas no tiene nada que ver con campañas de publicidad. Son decisiones que responden a una visión de compañía y que son susceptibles de ser continuamente auditadas por los consumidores.

¿En un escenario de inmovilismo político, es posible que aquello que se conoce como “legislative brands” puedan ser nuestro mejor aliado para construir un mundo mejor?

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